Bronceada

April 7th, 2010

El otro día estaba formada en la línea para pagar de un spa elegante cuando una extraña se dirigió hacia a mí y me comento, “¡Que bronceado tan bello tienes!”

No sabía que contestarle. No estoy bronceada. Este es mi color. Soy una mujer Mexico-Americana (Estadounidense de descendencia Mexicana) con piel morena y rasgos oscuros.

Observe mi ambiente y me di cuenta de que yo era la única morena en el establecimiento. Aun así, ¿Por qué supuso que estaba bronceada? ¿Sería porque estaba bien vestida?

“Okay, Alicia,” me dije a mi misma, “No seas tan delicada.” Tal vez quería hacerte la plática, forjar una conexión. Pero entonces, ¿Por qué me comentaría del “bronceado tan bello” que tengo? ¿Por qué no dijo, “Que tono de cutis tan lindo tienes”? Además, encuentro la idea en sí un poco extraña. A mí nunca se me ocurre comentar sobre el color de la piel de otra persona.

Sin embargo, me pregunto si el es color el problema.

Recientemente salí con un hombre que insistía que yo era caucásica; una clasificación que el censo del 2010 también aprueba. Revisen el formulario – te pide que distingas tu origen si eres de descendencia Hispana pero luego no menciona Hispano/a como clasificación racial. Uno tiene que seleccionar Caucásico/a o escribir Hispano/a debajo de Otro.

Aunque hispano aparentemente no es una raza, le dije a mi compañero, “No. Yo soy Mexico-Americana.” El respondió, “Pero yo no pienso en ti como no blanca.” Poniendo al lado su gramática mala, reconocí el atolladero: color y raza. Hasta confundió los dos en su respuesta.

Le pregunté que si los trabajadores en su rancho en Texas eran caucásicos. Sabía que él empleaba muchos hombres Mexico-Americanos. “Pero tu no eres como ellos,” añadió con rapidez. Luego pauso, inseguro de que decir. Finalmente, continuo, “Entonces, ¿quieres decir que cuando estás en un cuarto lleno de gente blanca, te sientes diferente?” El tiene una licenciatura de la escuela de negocios de Harvard.

De hecho, cuando entro a una sala no evalúo el perfil de colores presentes de inmediato. Típicamente ni se me ocurre. Es la misma memoria borrosa a cuando estoy dentro de una sala llena de hombres para una conferencia de negocios. Por lo general no es importante para mi propósito. Pero estaría mintiendo si dijera que nunca se me ocurre, porque a veces alguien me lo señala convenientemente.

Como tengo piel oscura, estoy consciente que mi presencia es evidente cuando estoy con gente de piel clara. Las mujeres dentro de pequeñas tiendas que me han pedido que les detenga sus bolsas me lo han enseñado. Oh sí, tengo varias historias como esa – alguien quien me pregunto si era una niñera durante un evento de caridad, otra persona quien me confundió con la camarera en un hotel, fui interrogada por viajar en primera clase y tuve que mostrar mi boleto para que me creyeran – podría continuar.

Por lo general pienso que la razón por la cual me encuentro en algunas de estas experiencias es porque paso tiempo en ambientes con falta de diversidad. Seamos honestos; equidad privada y la capital de riesgo no son las zonas tradicionales para hispanos estadounidenses.

O, ¿tal vez lo son? Aquí es donde se pone difícil para los hispanos. No todos tenemos piel morena. En la oficina de Goldman Sachs & Co. en Nueva York, trabajaba con una mujer de complexión clara y con ojos avellanos quien confesó que ella era mitad mexicana. Su papá era alemán y su mamá era Mexico-Americana. Me insistió que nunca le dijera a nadie.

A veces pienso que el censo debería olvidarse de raza por completo y pedirle a la gente que escojan su tono y color. Pero se trata de mucho más que del color ¿no?

¿Por qué tienen los hispanos en estados unidos el índice más alto de desertores escolares y el segundo índice más alto de presos estatales? Esos desertores y presos no todos tienes piel morena. Solo puedo especular que la razón por la cual hago estas preguntas es la misma razón que la gente supone que estoy bronceada.

¿La señora del spa? Creo que no tan solo no se le ocurrió que, de hecho, tengo piel morena y no solo bronceada, pero tampoco que era Mexico-Americana. En mi opinión, el suponer que piel morena es piel bronceada es igual a decir que un Mexico-Americano es caucásico. Incluye a toda una franja de gente – o sea, una raza. Una raza, incluida, temo, mantiene a la raza invisible y de ese modo impotente.

Los hispanos son el segmento de la populación estadounidense con el crecimiento más rápido y se espera que los resultados del censo del 2010 reflejaran esto más claramente. Pero, gracias a la atención que se nos otorga – de la representación en la televisión (no, no todos vemos Univision – el cual tampoco hace mucho para disipar el asunto del color de piel) al porcentaje de dólares que anunciantes gastan en el mercado, sería difícil llegar a esta conclusión.

Una raza incluida también puede ser una raza negada – su rica historia, sus luchas, sus logros y hasta su lugar, se pierden. ¿Nuestro lugar? Bueno, se puede encontrar al cruzar la mesa de junta, detrás de un podio, y en spas elegantes. No solo como una clasificación racial en el formulario para el censo de 2010.
Oh, volvió a ocurrir ayer. Una mujer me dijo que tenía un bronceado lindo. Esta vez le dije, “Gracias, nací con el.”

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