En estos tiempos tan ambiguos, hay mucho que temer. ¿Fracasaré? ¿Tendré éxito? ¿Estaré bien? Desde lo que se puede generalizar hasta lo muy particular. ¿Sabían que Allodoxaphobia es el miedo de las opiniones? Si sufren de esto, sugiero que dejen de leer aquí.
“Tu único obstáculo será tu temor.” Debo admitir que este dicho tan bien conocido nunca viene a mente cuando tengo miedo. Es difícil enfrentarse al miedo en todas sus formas interesantes, y por todas las partes donde se presenta. Enfrentar al temor requiere valor – la capacidad de ser consciente y presentarse no importa cuán incómoda sea la situación. No es una tarea fácil considerando que las fuentes principales de tu miedo, tus pensamientos, te llevan a todas partes excepto aquí en el presente. Es difícil comprender que, cuando uno es consumido por el temor, lo que pensamos que pueda pasar o pasará en realidad puede que no esté ocurriendo ni ocurrirá.
Eso es lo que me pasó. Hace un tiempo, mi novio de la universidad, un instructor de snowboard, decidió que iba a enseñarme como hacer snowboard. Lágrimas y recriminaciones nos impedían de llegar al final de una pista de novatos juntos.
Francamente, yo estaba aterrada del snowboard. Nunca aprendí a esquiar cuando era niña – no nos alcanzaba y creciendo nadie a quien conocía había visto la nieve. Lo único que sabía acerca de hacer snowboard era que no sabía nada acerca de ello. Era algo nuevo y requeriría nuevas cosas de mí y esto me ponía el pelo en punta. Pensé que moriría al bajar del telesilla o moriría de hipotermia. Pensé que no tendría el equipo adecuado o bajaría una pista de expertos por error. Pensé que Après era un tipo de sociedad secreta de la cual las niñas latinas de Los Ángeles estaban excluidas.
Me tomó años para recuperar el valor para intentarlo de nuevo. Por fin, me inscribí en una escuela de snowboard en Whistler. No tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Fui yo sola y de alguna manera cayó en una casa llena de nueve tipos (en realidad – No hay mejor manera de describirlos). Venían de todas partes del mundo, Japón, Francia, Italia, Australia – estaban allí para certificarse como instructores de snowboard.
De alguna manera yo, la principiante perfecta, había terminado en una casa de casi profesionales. Empacados con todo mi equipo estaban todos mis antiguos temores: Tachophobia (el miedo a la velocidad), Atelophobia (el miedo a la imperfección), Atychiphobia (el miedo al fracaso) y Catagelophobia (el miedo de que se burlen de uno).
Hacíamos snowboard por 5 horas diarias durante una semana. Cuando no estábamos montados, aprendíamos sobre el mantenimiento del snowboard o veíamos videos de snowboard. Eso es todo. Fue una experiencia realmente monástica.
Aun así aprendí. Descubrí que el miedo irracional, el miedo al cual uno debe enfrentarse, primero aparece en tu mente y luego corre por tu cuerpo – hace que uno se ponga tenso. Y si hay algo que no se puede hacer cuando uno hace snowboard – es ponerse tenso. Tienes que estar relajada y doblar las rodillas. Un cuerpo relajado es más capaz de responder a la dinámica del terreno.
También aprendí como controlar mi miedo haciendo lo siguiente:
(1) obtener ayuda: el conseguir una lección es una gran manera de tener a alguien contigo sin inversión en el resultado, sólo en la enseñanza – los desacuerdos de novio / novia, padre o madre / hijo son eliminados y existe una cierta seguridad en grupo;
(2) estar atenta y consciente de momento a momento: el permanecer centrada en las habilidades que aprendí durante las lecciones impedía que mis pensamientos fueran aquellos que le dan fuego a mis temores. Como dijo Rosa Parks una vez: “Saber lo que uno debe hacer elimina el miedo “, y
(3) aceptar mi temor: está bien tener miedo. Simplemente al reconocer que tenía miedo me permitió que lo alojara de mi mente y concentrarme en lo que tenía que hacer. Como Lauren Abrose dice, “el miedo es el camino”. O dicho de otra manera: “El cobarde se presta su atención a combatir el miedo, el guerrero lo mantiene en cuenta.”
A finales de la semana ya lo hacía mucho mejor – bajaba por todas las pistas azules y unas cuantas negras en Whistler. Por fin sabía qué hacer en un telesilla, entendía que todos se caían en algún momento – incluso los mejores e incluso a veces al salir del telesilla. Cosas pasan en estas situaciones. Lo divertido es que por lo general es un aterrizaje suave.
Hoy en día, cuando el miedo, de cualquier tipo, me llega hago snowboard. Es por eso que me fui a Tahoe la semana pasada. Después de haber perdido varias temporadas, yo estaba un poco preocupada por mis habilidades así que me inscribí en una lección. Irónicamente, el mi profesor se llamaba Travis. Travis y yo subimos en el primer cable disponible y quedamos maravillados con el sol que empezaba a salir de las nubes. La nieve estaba perfecta – suave, prístina. Aquí es cuando me llegaron: todos mis viejos temores regresaban con una venganza. ¿Qué pasa si me caigo tratando de bajar del telesilla? ¿Qué pasa si me hago el ridículo? ¿Estoy demasiado vieja para esto?
Siempre la buena estudiante, me dirigí a Travis en el telesilla y le dije: “Tengo miedo.” Él dijo: “Esta bien”.
Sin saber qué más decir, me concentre en la salida del telesilla que venía y me dije, “Confía en tu cuerpo. Mira hacia dónde quieres ir.” Salí sin problemas y pare junto a él sobre una percha en la cima de la pista.
Volteo hacia mí y dijo: “Cada vez que te encuentres con algo empinado querrás detenerte en la cima y planificar tu ruta.”
Yo dije que si con la cabeza, tratando de aparentar segura de mi misma, pero la verdad era que estaba empezando a sudar. Yo estaba tan segura de que iba a voltearme pies sobre cabeza en cuestión de segundos. Travis, sin más preámbulo, comenzó su descenso. Lo vi hacer formas de S a través de la nieve. Me concentre en los diseños y antes de darme cuenta, estaba bajando hacia Travis.
Y entonces – me atore en un borde. Luego agarre un poco de aire y antes de que pudiera organizar mis pensamientos caí en un montoncito suave de nieve. Se sintió fantástico. Comencé a reírme incontrolablemente. Me volví a poner de pie y seguí bajando hacia Travis.
“¿Estás bien?”, Preguntó.
“Oh sí”, dije, con una gran sonrisa en mi cara. “Me tenía que quitarme del camino”.
“Cool”, dijo. “¿Ves? El miedo puede ser divertido.” Entonces, Travis volteo y bajo la montaña en un santiamén.

