Existe un dicho viejo, “Si te encuentras con tres burros en un día, tu eres el burro.” ¿Te hice reír? ¿O sonreíste por experiencia personal? Tal vez estés de acuerdo con el dicho. Pero debajo de la risa, ¿fue un poco difícil de aceptar? Me atrevo a adivinar que si lo fue. Porque no importa cual sea el problema, es difícil imaginar que tu eres su causa. Hasta la idea en si le pega al ego justo donde le duele; y a los egos no les gusta que se metan con ellos.
Solo pregúntale a Nikki. Anoche, martes, estaba viendo el programa de “reality show” de Bravo, Tabatha’s Salon Takeover. Tabatha, la experta de salones de belleza, es una mujer sin tiempo para tonterías con años de experiencia en su industria. Normalmente llega vestida de negro como tormenta a un salón nuevo para dispensar sabiduría. Esta semana llego al salón Brownes & Co., un salón de belleza en South Beach, Florida. La dueña, Nikki, parece ser una mala patrona. Su personal le tiene miedo, ella no confía en sus empleados y el negocio esta sufriendo.
Después del programa revisé el sitio de Bravo para ver que pensaba la demás gente sobre el episodio de Nikki. Fue casi universal. Casi todos odiaban a Nikki y querían que su salón fallara.
Lo que sospecho de muchos de los comentarios es que la mayoría de ellos fueron hechos por gente que nunca ha sido el jefe (y muchas que nunca lo serán). Nikki definitivamente representa el lado oscuro de ser el patrón y algo me conmueve a explicar su lado. Esto no es de ninguna manera una defensa de Nikki, pero Nikki – ya he pasado por esto.
Dirigir un negocio puede venir de muchas maneras – puedes heredarlo, empezarlo, desarrollarlo, pero no importa cual el principio, en algún momento te encuentras al timón. Un día tú eras una empleada y el siguiente tienes empleados. La mayoría de dueños de negocios pequeños o fundadores de nuevos negocios nunca han sido educados para este trabajo ni entrenados para ser jefe. La diferencia más grande es que ahora estas debajo de la lupa. Cada singularidad, inseguridad, humor, expresión de tu cara, estilo, decisión, se convierte en el enfoque de un grupo de gente. Todos te miran a ti. Todo el tiempo.
La única analogía en que puedo pensar es ser padre – tu bebe o niño absorbe todo lo que haces, mira hacia a ti para ser guiado y estira tus limites hasta lo que no. Esto es exactamente lo que hacen los empleados.
¿Por qué? Porque los empleados son humanos. Lo que frecuentemente es olvidado es que los jefes también lo son.
Este es el punto donde gente como Nikki se puede atorar. ¿Cómo lo se? Por que me paso a mí.
Al principio, ser la patrona es toda una novedad y emoción. Poco a poco, sin embargo, el estrés de decisiones diarias, quejas diarias, problemas diarios se cunden y no hay nadie en quien puedes confiar. Llega a ser solitario. No quieres demostrar inseguridad o temor, más frecuentemente de lo que quisieras admitir, no sabes lo que estas haciendo. Añádele a esto que tu junta directiva quiere resultados o dificultades económicas o industriales y los riesgos son aun más altos. Un evento desorganizado, un cliente enojado, el error de un empleado son exagerados terriblemente en los ojos de una jefa. ¿Por qué? Porque le importa a la patrona. No conozco un solo patrón o dueño de negocio quien no se preocupe de alguna manera. Sin embargo, esta preocupación frecuentemente se presenta de maneras seriamente dañosas.
Personalmente, me empecé a enojar. Tengan presente, que hasta que me hice jefa (y algunas personas encontraran esto difícil de creer) tenía mucha dificultad para enojarme y nunca le había gritado a nadie con quien trabajaba en toda mi vida. Luego un día, en una oficina llena de empleados, le grite a un representante de ventas. Unos cuantos días después en una junta en una sala de conferencias le di una mueca de desprecio a otro empleado. Y otro día, cuando hablaba por teléfono, dije, “¡Puta Madre! ¡Esto es en serio!,” a un agente de ventas quien me había dicho que su meta de ventas para el mes era ganar $10.000. ¿Tenia razón en expresar mi incredulidad? Si ¿Estuvo correcto que haya utilizado esta frase? No.
Antes de que me diera cuenta, estaba llena de rabia por dentro regularmente. Empecé odiar ir al trabajo. Empecé a odiar a mis empleados; y luego llegue a perder confianza en ellos por completo. La cultura dentro de la oficina estaba miserable y yo estaba igual.
Afortunadamente (y solo puedo decir esto ahora, años después), la noticia de mi explosión con el agente de ventas llego a mi junta directiva. Me duele escribir esto. Estaba totalmente apenada. Uno de los miembros de mi junta directiva es un nombre llamado Yogen Dalal, quien prácticamente encarna el dicho: el centro de la paz es la tranquilidad. Reconoció que los empleados suelen ser más duros con líderes femeninas determinadas y me sugirió un entrenador para presidentes de compañías. A través de un amigo en Silicon Valley fui referida a Carole Robin. Es una conferencista de Comportamiento de Organización y enseña una clase se llama “Touchy Feely” en la escuela de negocios de Stanford.
Sí, esta es la clase de entrenamiento que la gente necesita para convertirse en buenos patrones: mejorarse a sí mismos. Porque frecuentemente la ira, la desconfianza, comportamientos feos (y por cierto los comportamientos pasivos, desconectados, y caprichosos también) vienen desde las profundidades de tu alma de las cuales no hablas. Tuve que aprender que todos mis problemas de desarrollo y emocionales empezaban a escaparse por todos lados. ¿Mi inexperiencia con establecer mis límites? ¿Mi dificultad con la comunicación directa? ¿La falta de valoración propia? Sí claro – todas tuvieron consecuencias en el trabajo (y lo mismo ocurre con empleados, pero estoy divagando). Lo que tuve que aprender fue separarme a mí misma y mi valor propio del resultado de mi negocio. Descubrí que tenia una creencia central que si mi negocio resultaba ser un fracaso yo fracasaría personalmente y que si yo fallaba nadie me valoraría ni me querría. ¿Qué tal esos como riesgo alto?
Se pueden imaginar por que cuando la compañía empezó a fallar trate de aferrarme desesperadamente a la compañía; y el aferrarme de este modo empezó un ciclo terrible. De repente lo único que veía eran los errores y al ver solo los errores (y no las cosas buenas) empecé a desconfiar de mis empleados y mis empleados lo notaron, comenzaron a sentirse menos capaces, y se hicieron menos capaces, lo cual causo más errores. Ven hacia donde voy con esto. En serio, el solo escribir esto hace que me duela el estomago. De verdad era una situación terrible para todos los involucrados.
Tomó mucho tiempo con Carole y trabajo en mi vida personal para que yo creciera a ser una jefa. Al principio estaba a la defensiva, luego jugué la parte de la victima, y luego aprendí que tenía una opción. Yo era la jefa. Si yo no quería serla, yo podía renunciar mi puesto, pero si quería ser la jefa, y tenía que aceptar los retos de mi papel – como, si, las muecas que haces tienen un impacto y eso no va a cambiar y no, no puedes controlar todo. Tuve que cambiar algunos de mis comportamientos y maneras de pensar (lo que Carole llama modelos mentales). También aprendí que tus pensamientos y enojo, en particular, son muy sabios. Estos te dirigen, definitivamente, a algo que tienes que resolver. El truco es identificar el sentimiento/emoción, entender sus raíces y luego expresarlas de manera apropiada. Los jefes tienen derecho a enojarse.
Ahora, hay otro dicho viejo que merece ser repetido: “Con gran poder viene gran responsabilidad.” Creo que los patrones si tienen una responsabilidad más grande de limpiar su lado del escritorio. Después de todo, ellos controlan cómo sus empleados se ganan la vida. Entiendo que nadie le tendrá lastima al jefe y no le deberían tener. Por otro lado, tampoco creo que los jefes deberían ser demonizados. Nadie le dice a la patrona que esta haciendo un buen trabajo y tenemos que ser honestos: los jefes tienen un trabajo más difícil que los empleados: controlan cómo sus empleados se ganan la vida. Sí pienso que los empleados se sentirían más empoderados si tomaran unos pasos hacia atrás y se dieran cuenta que al final de cuentas, están tratando con otro ser humano del otro lado del escritorio. Aunque la negociación parezca un poco desequilibrada (¡Me puede correr!) frecuentemente no lo es (¡Lo necesito!). Solo algo para que mediten.
Sé que soy una jefa en recuperación. ¿Todavía me estreso y cometo errores con mis empleados? Sí, soy humana. Hoy en día, mi entrenamiento con Carole y mi cambio de perspectiva en términos de cómo ser una jefa y cómo manejar una compañía me han ayudado a ser más relajada y dirigir desde un lugar más tranquilo y más confiado. Consorte está en una mejor posición gracias a ello y, francamente, yo también. Como me gusta decir, nada te enseña más sobre ti misma que empezar y dirigir tu propio negocio.
Nikki si parece ser un poco renuente. Ella definitivamente no acepta la crítica. Si hay algo que Carole me ha enseñado, es esto: “El criticismo es un regalo – no importa que mal se de.”
De todos modos, entiendo las lágrimas de Nikki durante el principio del episodio. Se está enfrentando contra el fracaso. Esto es aterrador – no importa de qué color lo pintes. Es lo único más espantoso que darse cuenta de que uno es el problema. ¿Cómo dejas de ser tu propio obstáculo? Bueno, si mi ejemplo vale de algo, lo haces por auto reflexionar. Porque el ego tiene un control tan rígido que para la mayoría de nosotros no es una tarea fácil y a veces se necesita una muerte (una persona o un negocio) o si tienes suerte, un programa “reality show,” antes de que seas forzada a hacer el trabajo.
No odio a Nikki. No quiero que fracase. Espero que Nikki tenga a alguien quien le ayude a caminar lenta y cuidadosamente por ese lugar oscuro y confuso – su persona y encontrar que existe belleza en ser una patrona. Eso es lo que esta belleza morena hizo.

